Sobre mí

Me llamo Marie, soy de Praga.
Ofrezco un trabajo que se basa en el respeto, la presencia y la escucha.
Trato a mis clientes con mucha sensibilidad y tacto.

Para mí, conectar a través del tacto representa un arte de saber combinar sensibilidad e intensidad, saber comunicarme con el cliente sin palabras. Dar un buen masaje es tener la habilidad de encontrar el equilibrio (que es único para cada cliente) entre suavidad y fuerza.
Creo que cualquera podría “frotar de forma mecánica”. Para mí, dar un buen masaje va mucho más allá de un simple contacto físico.
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Cuando doy un masaje, es como si la separación física de nuestros cuerpos (el del cliente y el mío) dejase de existir. Somos uno, nos comunicamos sutilmente. Es un baile, un diálogo fino, tierno y auténtico.


En mi trayecto profesional he tenido la suerte de aprender de grandes maestros:

Empezando con REFLEXOLOGÍA, ha sido un lindo aprendizaje con ROSA CASAL, que trajo, hace más que 30 años, la Macrobiótica y la Reflexología a España. Me siento afortunada por haber podido aprender de ella.

Me marcó mucho su comentario a la hora de acabar mi examen final de Reflexología podal. Se acercó y me susurró: “La técnica puede aprenderla cualquiera. Pero lo que hace que el masaje sea verdaderamente bueno, es el alma del masajista”. No puedo estar más de acuerdo con ella. A través del tacto nos comunicamos no solo al nivel físico.


Aprendí el masaje CHI NEI TSANG con JUAN LI, Maestro TAOista. Es un hombre que me marcó mucho en mi camino personal. Después de varios años meditando, me fui a su retiro de TAO y me impactó fuertemente. Algo dentro de mí cambió aquel verano en Asturias.

Cuando, después de muchos años sin enseñar esta técnica tan antigua, Juan anunció el taller de Chi Nei Tsang, me apunté enseguida. Su enseñanza, experiencia y carisma continúan causando un gran impacto en mí.


Las cosas nos llegan siempre cuando tienen que llegar. Ni antes ni después, sino en el momento perfecto.

Tenía una inquietud interna muy fuerte para aprender otras técnicas de terapias manuales y estaba hojeando una revista cuando vi un anuncio de la Escuela Japonesa de Shiatsu. El MAESTRO ONODA (discípulo directo del creador del SHIATSU, Tokujiro Namikoshi) trajo esta técnica japonesa a Madrid en el año 1984. Desde entonces, su enseñanza no solo llegó a otras ciudades de España, sino también a otros países. La Escuela Japonesa de Shiatsu es la única escuela japonesa en Europa bajo la autorización del Japan Shiatsu College.

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Cuando tenía 17 años, me empecé a interesar por la alimentación sana. En aquella época en Praga, las tiendas ecológicas empezaban a abrir sus puertas y yo iba cada vez con más ilusión para ver cuáles nuevos productos ponían a la venta.

Empecé a estudiar los efectos de distintos alimentos no solamente sobre la salud en general, sino también sus consecuencias en nuestras emociones. Descubrí un mundo apasionante.

Mi dirección ha sido siempre hacia la cocina vegetariana (o más bien vegana), natural, usando productos de estación, de proximidad, pero fue solamente gracias a un querido amigo mío que enfermó gravamente y me empezó a preguntar “¿Qué tengo que comer ahora?” que caí en la Macrobiótica. Fue en la formación de Macrobiótica mediterránea, donde todo lo que había aprendido hasta entonces por investigaciones propias, hizo un gran “click”. Como si se había finalizado un puzzle al que le faltaban pocas piezas, pero suficientemente importantes como para crear una visión global sobre la alimentación.


Aunque mi tendencia ha sido desde siempre hacia la curación natural, cuando tenía veinte y pocos años, tuve una época de un par de años con muchos antibióticos seguidos. Empecé a sufrir de cistitis crónica que me llevaba al médico cada mes o 1.5 meses, con dolores agudos (la mayoría de veces, las infecciones causaban hasta tener sangre en la orina).

La medicina occidental no iba a la causa del problema, sino que solamente trataba los síntomas (eliminar las bacterias). Pero sin tratar el “terreno”, la cistitis volvía una y otra vez…hasta descubrir Medicina Tradicional China. Un mundo fascinante. Flipaba con los métodos que se usan en MTC para diagnosticar…nunca antes nadie me había hecho una lectura de la lengua, del pulso, nadie me había lanzado preguntas raras tipo si tengo tinnitus o dolores lumbares…pensaba “¿Pero que tiene que ver todo esto con dolores de vejiga?”.

Fueron 6 meses de tratamiento con agujas y hierbas chinas que me quitaron no solamente la cistitis (desde entonces -que ya son muuuchos años 😆- ha vuelto solo 1 vez), pero también me arreglaron la digestión, me “limpiaron” la cara de granos, me quitaron dolores lumbares y síndrome premenstrual que tenía desde siempre…

Estuve tan encantada con la MTC, que me compré un libro del maestro Giovanni Maciocia – “El diagnóstico por la lengua”. Hojeaba el libro con una fascinación de niña…tantos tipos de lenguas, tantos colores, tantas formas distintas…fue entonces que decidí que un día en mi vida, me quiero dedicar a MTC.

Después pasó mucho tiempo, pero estoy convencida que lo que decidimos de verdad, generalmente se cumple.

La Vida sabe perfectamente donde situarnos en cada momento…por eso no me sorprende que al final, por pura casualidad, acabé estudiando en la “Escuela de  Giovanni Maciocia” (es decir en la escuela de mi “maestro” que escribió el libro del diagnóstico por la lengua que tanto me gustaba).